La Autovía del Duero (A-11) continúa avanzando con la puesta en servicio del nuevo tramo que conecta la variante de Aranda de Duero con la carretera N-122 en las proximidades de Castrillo de la Vega (Burgos).
La actuación, con una longitud de 2,4 kilómetros y un Presupuesto de Ejecución Material (PEM) superior a 12,5 millones de euros, mejora la continuidad del corredor y permite canalizar el tráfico de largo recorrido fuera del núcleo urbano de Castrillo de la Vega, constituyendo un nuevo paso en el desarrollo de uno de los principales ejes viarios del norte peninsular.
Desde GPYO hemos prestado los servicios de Asistencia Técnica para el Control y Vigilancia de las obras, realizando el seguimiento técnico de la ejecución hasta su puesta en servicio.
El pasado 10 de julio tuvimos ocasión de participar en la visita institucional organizada con motivo de la inauguración del tramo, junto a representantes del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, la Subdelegación del Gobierno en Burgos y el resto de agentes implicados en la actuación.
Una conexión estratégica para la futura Autovía del Duero
Aunque se trata de un tramo de longitud contenida, su importancia es notable dentro del desarrollo global de la A-11.
La actuación enlaza la variante de Aranda de Duero con la N-122 mediante una nueva glorieta y el nuevo enlace de Castrillo de la Vega, permitiendo mantener la continuidad funcional del corredor mientras avanzan los futuros tramos hacia la provincia de Valladolid.
Entre las principales actuaciones ejecutadas destacan:
- Construcción de 2,4 km de nuevo tronco de autovía.
- Nueva glorieta de conexión con la N-122.
- Enlace de Castrillo de la Vega mediante paso inferior sobre la BU-V-2031.
- Reposición de caminos para garantizar la permeabilidad territorial.
- Obras de drenaje transversal adaptadas como pasos de fauna.
- Adaptación de la conexión con la variante de Aranda de Duero ya existente.
El proyecto se diseñó, además, para coordinarse geométrica y funcionalmente con los tramos contiguos de la A-11, permitiendo que las futuras fases del corredor puedan aprovechar la infraestructura ya ejecutada.
Cuando cada detalle tiene un porqué
Entre los elementos más curiosos de la actuación destaca la glorieta de conexión con la N-122. Si se observa desde el aire, llama la atención una franja de hormigón que atraviesa su isleta central.
No se trata de un elemento casual. Tras los correspondientes estudios de maniobrabilidad, esta solución se incorporó para facilitar el paso de transportes especiales, especialmente los vehículos que trasladan palas de aerogeneradores de gran longitud, permitiendo realizar el giro sin necesidad de maniobras complejas ni afecciones a la infraestructura.
Un pequeño detalle que refleja cómo el diseño de una carretera debe anticiparse también a necesidades muy específicas de explotación.
Un nuevo hito para la A-11
Con esta actuación, GPYO suma un nuevo hito dentro de la Autovía del Duero. Mientras este tramo ya presta servicio a los usuarios, nuestro equipo continúa trabajando en la asistencia técnica del tramo Langa de Duero–Aranda de Duero, actualmente en construcción.
Dos actuaciones diferentes con un mismo objetivo: seguir completando uno de los corredores estratégicos del norte peninsular.












Sobre GPYO
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